La obtención de biogás por medio de la digestión anaerobia representa un tratamiento alternativo a aquellos más convencionales, con un enorme potencial no sólo para evitar daños ecológicos, sino para además obtener energía de forma eficiente. El uso de técnicas de digestión anaeróbica, además de reducir emisiones de metano, conlleva la disminución de las emisiones de amoniaco y otros gases de efecto invernadero, así como de compuestos orgánicos volátiles no metánicos y de compuestos que causan malos olores.
La legislación española en materia de energía renovable prevé una retribución a la energía eléctrica producida del biogás que, si bien todavía lejana de las tarifas de otros países europeos como Alemania o Italia, permite la construcción y operación de plantas de biogás con buenas rentabilidades.
Por todos estos motivos, el biogás debe de ser considerado un recurso e incentivado por un apoyo económico adecuado.
Debemos tener en cuenta que Castilla y León es la comunidad autónoma con mayor potencial para crear biogás agroindustrial a partir de los sobrantes vegetales, ganaderos y lácteos, una energía renovable que produce calor y electricidad y que se podría aprovechar para calefacción, agua caliente sanitaria o secado en las proximidades de una planta de biogás.
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